Pregón de Teguise 2003

Pregón de las Fiestas del Carmen
Teguise 2003

 Por:  JOSÉ FRANCISCO PÉREZ DUQUEperez duque

Cuando me invitaron para hacer el Pregón de las Fiestas del Carmen, me encontraba fuera de la Isla por motivos profesionales, y dejé la respuesta para mi regreso, por dos razones: la primera, tengo que reconocer que me sorprendió la invitación y la segunda no estaba seguro si yo podía estar a la altura de ser Pregonero de la Fiesta principal y más importante de La Villa, nuestra Señora del Carmen. Pero pensé que si he asumido otros retos, a éste no podía decir que no.

Lo acepté desde mi humilde condición de ciudadano sin ningún compromiso público, con responsabilidad, con el respeto a las gentes de mi pueblo y el cariño que siento por esta muy Ilustre Señorial y Real Villa de Teguise.

Empiezo por manifestar algo que es obvio para los que me conocen, no soy historiador para hablar de la historia de éste pueblo pero si puedo contar vivencias de la época que me ha tocado vivir. Hablo de La Villa de Teguise, que ha sido y seguirá siendo diferente por su cultura, sus tradiciones y costumbres. Me siento orgulloso de haber nacido en La Villa.

La Villa de hace unos años, con Señores que merecían un gran respeto, ejemplos tenemos varios, entre ellos Don Leandro Perdomo y Don Severino Bethencourt, con su traje y sombrero negro, muy elegante, un señor, no sólo por su vestimenta sino por su educación, cultura y su respeto hacia los demás.

No puedo olvidar a las Señoras o Señoritas, da igual, con mi máximo respeto, entre otras las Hermanas Manuela y Esperanza Spinola. Su labor a veces poco reconocida fue muy destacada en la educación, en la cultura, en la fe cristiana y en la familia en definitiva. Es cierto que eran otros tiempos, no había televisión ni esos programas educativos y culturales de Hoy: crónicas Marcianas, Hotel Glam y sus derivados de éstos e imitadores (fantásticos).

Eran otros tiempos, cuando los chinitos, jugábamos al boliche en las calles y a la estampa en el zaguan, pero nuestros padres nos marcaban la hora para regresar a casa, y sin reloj, allí estábamos puntuales.

Las niñas, no estaba bien visto que jugaran con los niños, pero si los niños jugaban con ellas, eran unos mariquitas “Gracias a Dios estas cuestiones están superadas”.

Que hemos tenido avances eso es indudable, y que el progreso tiene un coste, es cierto, pero en algunos aspectos se han perdido valores incalculables, recuerdo cuando nos reuníamos todas las familias en casa de la tía, que por cierto, mataban un cochino para la ocasión, razón suficiente para vernos juntos y compartir nuestras penas y alegrías con los invitados a la Fiesta del Carmen.

Esto último tiene un valor sentimental, teniendo en cuenta que hoy compras la carne en los grandes supermercados y le dice al carnicero “que no tenga hueso” y si quieres te la llevan a casa, los vecinos se tienen que dar cuenta que tú eres importante y que te traen la compra a casa.

Siempre se visitaban a los abuelos y tíos, como mínimo, una vez por semana y sin nadie obligarte a ello, tu conocías tus deberes y respeto a los mayores, máxime si eran de tú familia más cercana. Compartir un día con los abuelos, era una aspiración de todo nieto (se pasaban días inolvidables), el abuelo te contaba como eran las fiestas del Carmen en su juventud.

Hoy tienes que contar con el niño no visita a los abuelos por varias razones, ajenas siempre a los niños y niñas. La madre tiene que vestirlo para que destaque ante el primo o la prima, que pueden coincidir en la visita, la madre no le permite ir a casa del abuelo porque ella en ese momento muy ocupada con una novela importantísima de la Televisión, sin citar ninguna en especial.

No pretendo hacer una critica a las mujeres, creo que tienen muchos valores y en algunos casos muy pocos reconocidos, conozco las de esta Isla y las de este pueblo en particular y puedo afirmar que han sido más trabajadoras que muchos hombres y mejores administradoras, sin lugar a dudas. Se ocupaban y se ocupan y de criar y educar a sus hijos, hacer las tareas de la casa (es decir “TODO”) y cuando hubo agricultura, trabajaban en el campo. Hoy se han superado y trabajan en igualdad que cualquier hombre, gracias a su esfuerzo.

Quisiera tener un recuerdo para mi maestro, Don Bartola, que como educador no fue mi mejor ni peor que otros de su época, pero como persona si fue un referente para muchos de mi edad, él sin imponer demasiado carácter, se hizo respetar, otros siendo más severos, sólo consiguieron que se les tuviera miedo, eran otros tiempos.

Fue una época más bonita más entrañable, más noble y no puedo hablar de otro lugar que no sea La Villa, no crean que me lo estoy imaginando, eran los años cincuenta / sesenta, cuando se compartía, lo bueno y lo malo, incluso como decía mi abuelo: “hay que compartir hasta el hambre, porque el hambre compartida siempre nos toca menos”. A pesar de todo, había fiesta del Carmen para todos, sin duda.

No quiero hablar de cartillas de racionamiento, pero si de cuando me tocó con muchos niños y niñas de mi edad, ponerme en una cola de cuatro o cinco horas, para comprar una botella de aceite o de petróleo, eran tiempos difíciles. A pesar de todo, siempre hubo tiempo, ganas y deseos de fiesta, para la celebración de nuestra Patrona, nuestra fiesta principal, “El Carmen”, día muy señalado, nuestros abuelos, no salían al campo ese día y nuestros padres se afanaban por matar gallina o incluso el gallo que les servía de despertador, se caldeaba el horno y con un poco de suerte comían pan ese día, sin estar enfermo, se notaba que era un día importante.

Ya en los años setenta, cuando el que les cuenta estas vivencias y anécdotas, se vestía de hombre, con corbata y fijador en el pelo, paseaba con las mozas en la plaza a la salida de misa y en la carretera los domingos por la tarde y en especial el “Día del Carmen”, ese día se extrañaba y las chicas tenían que lucir sus mejores tajes para la ocasión, no podían llevar pantalones, ni minifalda para entrar en la Iglesia, habían normas muy estrictas y “Rafael El Sacristán”. Se encargaba de hacerlas cumplir, siempre era mejor acatar sus órdenes, yo hablo por experiencia.

Ya en los años setenta, cuando el que les cuenta estas vivencias y anécdotas, se vestía de hombre, con corbata y fijador en el pelo, paseaba con las mozas en la plaza a la salida de misa y en la carretera los domingos por la tarde y en especial el “Día del Carmen”, ese día se extrañaba y las chicas tenían que lucir sus mejores trajes para la ocasión, no podían llevar pantalones, ni minifalda para entrar en la Iglesia, habían normas muy estrictas y “Rafael El Sacristán”, se encargaba de hacerlas cumplir, siempre era mejor acatar sus ordenes, yo hablo por experiencia.

Hasta la época de los setenta / ochenta, hubo mayor participación que hoy en las Fiestas del Carmen, todo el pueblo participaba de una u otra forma, engalanaban sus ventanas y balcones para el paso de la Procesión con La Virgen del Carmen, acompañada de nuestra banda de música, los jóvenes hacían competiciones de toda índole, por el mero hecho de integrarse en la fiesta, había más implicación de todo el pueblo, del municipio y de quienes nos visitaban, era la Fiesta Grande de La Villa, “El Carmen”.

Luego llegó la fiesta de todo gratis y disfrute visual, sin esa participación tan necesaria e importante, y yo diría que imprescindible.

Hoy estamos en tiempos real, pero se vive con menor intensidad cualquier acontecimiento, sabemos que mañana no es noticia.

Llamo a la participación, de las personas mayores para animar a la juventud que está apática o desencantada a vivir estas fiestas y rememorar épocas anteriores con sus partidos de fútbol, lucha canaria, bolas, envite y otros juegos propios de nuestro pueblo “La Villa”, creo que merece la pena hacer un esfuerzo porque no se pierdan Fiestas del Carmen, que forma parte de nuestra cultura y hago este llamamiento, muy especial, a la juventud.

Espero que no sea tarde para desde la escuela y por supuesto apoyado por la familia, volvamos a darle el valor de estas fiestas del Carmen de La Villa, con la colaboración de las instituciones y en este marco único de Conjunto Histórico. Que cada rincón sea engalanado adecuadamente y que la banda de música nos despierte como lo recordamos los mayores.

Tenemos que demostrarnos a nosotros mismos y sentirnos orgullosos de nuestras tradiciones y costumbres y no dejar pasar la oportunidad para invitar a parientes y amigos a celebrar con nosotros las Fiestas del Carmen de La Villa.

Espero la participación desinteresada, como no podía ser de otra manera, de nuestros grupos de Folklore, Teatro, Coral y otros que tenemos para disfrute y orgullo compartido de las gentes de este pueblo.

No piensen ni por un momento que estoy afirmando aquí, que cualquier tiempo pasado fue mejor, nunca más lejos de la realidad era otra forma de vida, donde parece que no importaba el tiempo, nos guiábamos por el sol y las campanadas de la Torre y cuando se esperaba viento o lluvia, nos lo anunciaba Tomás el Pastor, que acercaba, más o menos igual que hoy Montesdeoca en la Televisión.

No cabe por mi parte pedir un mayor esfuerzo para lograr lo que a mí me gustaría que fuesen las Fiestas del Carmen, sólo me cabe pedir disculpas si he sido reiterativo, dar las gracias a los asistentes y desear que todos nuestros invitados sean siempre bienvenidos y disfruten con nosotros de unas buenas fiestas juntos.

Muchas Gracias.

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